lunes, 19 de octubre de 2009

Ahogados

Y de cuando en cuando, o más bien desde siempre, me caigo en el revoltijo de olas y vendavales que es el mar de mi realidad, misma que siendo solo mía es compartida y repetida por toda miserable alma que con falsa valentía se atreve a nadar.
Flotando sin fuerzas entre estas cruentas (sucias y asquerosas) aguas sabemos que pertenecemos definitivamente a esta estancia repleta de energúmenos cuerpos inmóviles; con este resto somos uno, pues flotamos e ilusos como estamos, le damos un espacio material y una razón de existencia al mar, razón que le ponen estos míseros flotantes en sus arrebatos concientes a este charco que le importa una bufada la jodida razón.
Al principio es divertido nadar, las brazadas que impactan con la superficie son inspiradoras, las zambullidas poco profundas revelan mil maravillas y solo quieres nadar más y más y no importa ninguna idea ni concepto; pero de esa sensación en mi caso ya son unos 54 años. La muerte es la costumbre: nadar y nadar y nadar y nadar asesina irrisoriamente, ahorca los sueños, degüella la esperanza, desmiembra la emoción, descerebra la conciencia y sin compasión ahoga todo lo que en boca de los entendidos permitía argüir lo grandiosa de nuestra especie.
Ahogados vivimos en este lago inmenso que es el único mundo que habitamos y al que preferimos obviarlo. La rutina ha permitido crear tantos entretenimientos y distractores que nos hacen creer la ilusión pero hay algunos como yo que no nos convencemos de tan burdas tretas y sacrificamos la felicidad en pos de la verdad. No me alegro con falsos juegos ni me regocijo de falsos triunfos, no soy presa de banalidades pues floto con vista a la superficie y prefiero que el sol me ciegue. Vivo amargado, pero a diferencia de todos ustedes, vivo libre.

Solo tirando a la quebrada la mentira de la felicidad vislumbraran alguna vez ánimas perdidas el camino verdadero hacia la paz eterna.

F: VKDAR

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