viernes, 6 de noviembre de 2009

Lamento apurado

Siendo tú inspiradora de cuanta acción emprendí en tan pobre temporada, soy yo adalid primero de tu destrucción. Arrasada y hecha añicos por mi mano y por aquella percepción moralista propia tuya (en efecto, de mí obra) yaces entre lamentos en el asfalto. ¡Cuánto te extraño ahora perdida!
Piedras, polvo y sigo triturando hasta que, a mi modo de ver, cenizas quedan pues si bien de inerte roca el producto de arte es para su autor cual ser vivo que se expresa y que entiende.
En el suelo y en el viento partículas grises se disipan indiferentes…y yo sé que me llevas dentro pues recalco que soy tu creador y así tú expresión es lo de menos; para mí no existe y egoístamente mejor ya no te considero.
Buena Safo, préstame tú verso y deja que adorne las alhajas de este mediocre lamento apurado que a la ocasión dedico a esta mí pequeña escultura:


“Ve feliz, recuérdame,
¡Ah! Tú sabes bien cuánto te quiero”
F: VKDR